Flor de Mayo Design Hotel

Hospitality Architecture | Cuernavaca, Morelos

Diseño | Yamile Márquez y Francisco Elías
Construcción | Yamile Márquez
Arquitectura de interiores | Francisco Elías — Elías Arquitectura
Colaboración | Arnaud Serrurier
Asesoría | Eliseo Berrios Rosado
Representación Gráfica | Jorge Pérez Boenecker
Arquitectura de Paisaje | Eduardo Peón
Investigación | Abraham Villavicencio, Salvatore Micciche, Mauricio Ramírez Gandarilla y Laura Heckmann
Mobiliario | 100% Corian® Design by Francisco Elías, Casa Italia. Contardi, VERPAN by Verner Panton, Magis, Arper, Luminara
Manufactura Mobiliario Corian® DuPont™ | Gaby Díaz — OT Worshop
Manifactura de mobiliario de madera | Manuel Estarau — Mueblares
Mobiliario Vintage | Aitor Garrido
Moda | Diana Saldivar
Arte en Recepción | Laura Valencia
Arte en Habitaciones | Armando De la Garza
Arte en Piscina | Daniel Silvo
Asesoría en Diseño de Piscina | Ana Nicolau
Diseño de Luminarias y Objetos Especiales | Aitorismo by Aitor Garrido
Diseño Textil | Aitor Garrido y Marisol Centeno
Diseño de Barra de Recepción | Gaby Díaz y Carol Rosas Landa
Diseño de Pisos | Yvonne Guerra — Mosaicos México Córdoba, Veracruz
Ubicación | Cuernavaca, México
Año | 2011 — 2012

El Hotel Flor de Mayo invita al huésped a tener una experiencia dependiente del contacto directo entre la naturaleza y la arquitectura de la que forma parte.

El Cacaloxochitl o Flor de mayo se presenta como símbolo del proyecto, al ser un árbol característico de América con amplia presencia en la zona sur de México. La simbología de la flor es extensa, en tanto su uso se extiende al adorno de vestimentas, tocados y bebidas rituales en distintas regiones del país. La base del proyecto también estuvo concentrada en la historia del lugar, ya que fue realizado en un antiguo edificio del centro de Cuernavaca del que sólo quedaba una fachada del siglo XIX. Elías Arquitectura respetó esta estructura y a partir de ella construyó todo un ambiente interior.

La arquitectura en la ciudad de Cuernavaca se caracteriza por estar relacionada de manera directa con el paisaje. El clima del lugar ofrece particularidades que históricamente han permitido la creación de espacios en los que los límites entre el paisaje y construcción no son del todo estrictos, es por eso que el jardín aparece como un elemento recurrente en el habitar de la zona. Este proyecto toma en cuenta en todo momento esta posibilidad de experiencia, al hacer presente distintos momentos de la historia del jardín en la arquitectura, para reinterpretarlo a los requerimientos del programa.

El jardín como el arte de ordenar y configurar un fragmento de la naturaleza tuvo un mayor impulso desde el Renacimiento y el Barroco. Sin embargo, desde las narraciones hechas por Plinio, en la relación entre la construcción y su entorno resaltaba la ubicación de una villa como una invitación a la transición entre interiores y exteriores con el objetivo del disfrute de un recinto construido. [1] Leon Battista Alberti estableció que la unidad de la casa y la unidad del jardín eran una misma, desarrollada a partir de la sintonía geométrica. En el Hotel Flor de Mayo la idea de unidad se mantiene, sin embargo, rompe con la creencia del dominio racional del hombre sobre la naturaleza y de esta manera, permite que exista un libre crecimiento de la flora.

Sí existe un diseño preconcebido, en el que se toman en cuenta combinaciones y juegos cromáticos que se extenderán y tendrá diversos resultados conforme a las estaciones; no obstante, el principal objetivo es que la naturaleza invada y se convierta en el principal elemento de lugar.

Es evidente que uno de los principales diálogos que existe en la resolución del proyecto es con el Jardín Borda. Este jardín novohispano realizado por José de la Borda es uno de los símbolos históricos de la ciudad, el cual se recuerda por ser utilizado en el Segundo Imperio Mexicano como residencia de verano para Maximiliano y Carlota de Habsburgo. El gusto reflejado en la botánica, la horticultura y la presencia del agua en fuentes y estanques que tuvo el proyecto original del minero Borda, tiene una relación directa con lo hecho para este hotel. En Hotel Flor de Mayo también es posible encontrar una variedad de elementos florales y frutales, lo cual exhibe un exotismo que puede ser desarrollado en un emplazamiento con las características climáticas de Cuernavaca. Además de la flor que da nombre al hotel, podemos observar la presencia de Floripondios, Durantas, Pascualinas, Lantanas, Mandevillas, Colas de gato, Toronjil, Hoja santa, entre muchas otras más, que en su combinación ofrecen una experiencia multisensorial al usuario, que atrae en todo momento a la vista y al olfato.

Cabe señalar que el paisaje no sólo extralimita su presencia desde la floración, sino que Elías se encargó de realizar trampantojos a partir de relieves orgánicos y diseños referentes, con ello logra, tomando en cuenta las estrategias del Barroco, extender los límites de la arquitectura en un artificio capaz de reiterar una analogía en todo momento y con diversos métodos desde un proceso de reflexión a través del sol, sombras, trazos, franjas, color-pintado, color-efecto. En palabras de Francisco Elías, “todo está pensado para ser proyectado por el sol, más o menos similar al funcionamiento en un reloj solar del indicador de las horas que se proyecta a manera de sombra en la superficie marcada. Al final, se trata de un reconocimiento total de la relación de la luz solar en un lugar y el juego que creará en un espacio diseñado por el hombre.”

Por lo tanto, regresando a la villa de Plinio, podemos concluir que este hotel se conforma como un cuadrante solar, una señal del arco diurno encargado de destacar, no sólo el paso del sol por el recinto, sino es además, un gnomon capaz de señalar el movimiento, transformación y adaptación constante de la naturaleza.

[1] Wilfried Hansmann, Jardines del Renacimiento y el Barroco, Madrid, Nerea, 1993, p. 14.